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domingo, 17 de mayo de 2009

ENTREVISTA Álvaro Uribe

"La violencia lo hace a uno angustiado"

GABRIELA CAÑAS 17/05/2009

 
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El presidende de Colombia es el líder mejor valorado de América Latina, pero también uno de los más criticados. Él se confiesa angustiado, a pesar de que su guerra contra la violencia ha dado frutos.

La plaza de la Lealtad de Madrid está tomada por la policía. Es martes, 28 de abril. Varios furgones ocupan la puerta del hotel Ritz, y dentro, un ejército de guardaespaldas controla cualquier movimiento después de haber registrado con ayuda de un escáner a todos los convocados al almuerzo que se celebra en el interior. El espectacular dispositivo de seguridad se debe a que el invitado de honor es el presidente de Colombia, Álvaro Uribe.

Han acudido 600 comensales cuyas mesas han ocupado todos los salones del lujoso hotel, incluido el patio central. Pocos eventos del Fórum Nueva Economía son tan multitudinarios. A las cuatro y media de la tarde, los asistentes empiezan a abandonar el hotel cargando con bolsas publicitarias que exhiben un lema llamativo: "Colombia. El peligro es que quieras quedarte". La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha cerrado el almuerzo con un brindis por Colombia y después han desfilado hacia la calle varios pesos pesados del PP, así como prohombres de la empresa y el periodismo español.

Álvaro Uribe ha aterrizado esta misma mañana en Madrid, a las diez (tres de la madrugada en Bogotá), y su agenda está cargada de encuentros políticos y económicos. Es el presidente de América Latina mejor valorado por su ciudadanía, una popularidad que sólo le disputa a veces el presidente de Brasil. El año pasado, tras abatir el ejército al número dos de las FARC, Raúl Reyes, y liberar en una espectacular operación a la candidata presidencial Ingrid Betancourt (junto a otros 14 rehenes), Álvaro Uribe terminó con un índice histórico de popularidad del 84%, a pesar de haber cumplido ya seis años de mandato.

Todos quieren fotografiarse con él en la escalinata del Ritz. La cita de El País Semanalcon el presidente colombiano tenía que haberse iniciado hace ya veinte minutos. Finalmente, Uribe camina hacia su suite, y el cordón de seguridad me deja pasar para intentar realizar una entrevista pedida en julio del año pasado, justo después de la catarsis colectiva que supuso la liberación de Betancourt.

En la puerta de la lujosa habitación, más guardaespaldas velan por la seguridad del líder de un país que es el primer productor de coca del mundo y que hace seis años registraba 28.000 asesinatos anuales y el 65% de los secuestros de todo el mundo. Es un presidente que ha sufrido 20 atentados y cuyo padre fue asesinado por guerrilleros de las FARC, ahora tan diezmadas por la persecución sin cuartel a la que las ha sometido. Estados Unidos, con su apoyo militar y tecnológico, ha sido esencial.

A las cinco de la tarde, su portavoz César Mauricio Velásquez me hace pasar al hall de las estancias presidenciales, urgiéndome a aprovechar el poco tiempo disponible. Entramos en el luminoso salón de la suite y allí está Álvaro Uribe, sentado en una de las butacas, enfrascado en su BlackBerry. A su lado, de pie, su ministro de Exteriores, Jaime Bermúdez, y el embajador en España, Carlos Rodado Noriega. Le digo en broma que usa el mismo móvil que Barack Obama, pero Velásquez sale al quite: "Sí, pero él empezó antes". Uribe se ha puesto de pie y se cambia de sitio para sentarse a mi lado, tras explicarse sobre su atención hacia el móvil, que seguirá consultando de vez en cuando durante el encuentro: "Entran mensajes a todas horas y, como en las reuniones no la utilizo, en los intervalos tengo que ponerme al día...".

No hay en él un solo indicio de cansancio, lo que casa con su fama de trabajador infatigable. Pero sí parece dispuesto a abandonar la etiqueta tras dos horas y media de almuerzo oficial, así que, además de revisar el móvil, se come de vez en cuando una uva que arranca del frutero que reposa sobre la mesa, se recuesta en el asiento a ratos y otras veces acerca su cara a la mía para seguir hablando. En definitiva, no para de agitarse en el asiento. Levanta la voz, casi grita, cuando tocamos los asuntos que ensombrecen su mandato, pero mantiene la corrección propia de un hombre de su formación. La impresión es que tiene demasiadas cosas en las que ocuparse como para estar aquí concentrado en una entrevista, y que, además, le sobra capacidad para andar y mascar chicle al mismo tiempo.

Sé que la pregunta es muy obvia, pero no puedo dejar de interrogarle sobre su posible reelección para un tercer mandato. ¿El hecho de que se vaya a convocar un referéndum significa que tiene ya la decisión tomada? [César Mauricio Velásquez hace un ostensible gesto de disgusto ante la cuestión, pero Uribe no se inmuta y empieza a hablar con ese tono un tanto grandilocuente y teatral que le acompaña]. Colombia es un país que sufrió 60 años de violencia; una violencia que incrementó sustancialmente la pobreza, que disminuyó la tasa de inversión y que aumentó explosivamente el desempleo. Estamos erradicando esa violencia que tanto daño ha hecho a Colombia, pero falta un trecho. Por eso, mi única campaña es por la prolongación en el tiempo de la seguridad con valores democráticos. Colombia tiene muy buenos líderes. En nuestra coalición hay gente muy buena, y mi interés es prolongar estas políticas, sin prejuicio de los ajustes que deban hacerse. Pero pertenezco a una generación que no ha vivido un día completo de paz; que vio cómo creció la población colombiana sin que lo hiciera en la misma forma la economía; que asistió al empobrecimiento del país. Quisiera para las nuevas generaciones que estas políticas que empezaron a implementarse en 2002 puedan prolongarse.

Todo parece indicar que esa política puede prolongarse, con usted o sin usted, pues los datos demuestran mejoras evidentes en Colombia en el ámbito social, en el económico y, sobre todo, en el de la seguridad. Pero falta mucho. Todos los días la vida pública en un país como Colombia es una sucesión de muchos esfuerzos y pequeños resultados. Y como mil esfuerzos dan un resultado, una vez conseguido hay que emprender otros mil esfuerzos.

Es terrible lo que dice de que la suya es una generación que no ha visto un solo día sin violencia. Que ha vivido sin paz.

Usted nació en Medellín, cuna de escritores, pero ciudad también muy castigada por la violencia. ¿Cómo le marcó esa circunstancia? Lo vuelve a uno muy angustiado por lo que habrán de vivir las nuevas generaciones. La marca que me ha dejado es la preocupación por el futuro de las nuevas generaciones de Colombia.

¿Y el hecho de que su padre muriera a manos de las FARC es un acicate para usted o es ya parte del pasado? ¡Un dolor enorme! Esos martirios nunca se superan, y ese mismo dolor lo han sufrido miles de familias colombianas. El 50% de las familias colombianas han tenido estas circunstancias de dolor, de pena. Por eso, lo que hay que hacer es superar esos fenómenos para que las nuevas generaciones no los tengan que vivir.

Por tanto, para usted quizá ha sido un estímulo para dedicarse a la política, una profesión arriesgada en Colombia. Ha sufrido una veintena de atentados. Unamuno, pensador tan importante de ustedes, decía que el fuego que derrite la manteca templa el acero.

Le confieso que desconocía la cita, y el ministro de Exteriores sonríe desde su rincón. La frase, tan abrupta, ha generado un instante de silencio y reflexión en la salita, y Uribe parece complacido por ello.

Supongo, sin embargo, que de vez en cuando tendrá tentaciones de dejar la política, lo que quizá estén deseando en su familia. Mi carrera pública ha sido un motivo de constante preocupación y angustia para mi familia. Indudablemente. Como para muchas familias de Colombia. La carrera pública de sus seres queridos ha sido motivo de mucha angustia. Esto no es problema de afectación individual. Es un problema que ha maltratado al colectivo colombiano.

Para preparar esta entrevista hablé con colombianos conocedores de la política de su país. A uno de ellos le resultó hilarante preguntar al presidente si la muerte de su padre le había marcado. "En Colombia, todo el mundo ha tenido un pariente asesinado. Eso no le hace a Uribe diferente".

¿Le preocupa que la violencia esté demasiado aceptada en la sociedad colombiana? Eso no es de la sociedad colombiana. Eso fue el estado de ánimo que el liderazgo del país creó. Como no se enfrentaba a la violencia, la ciudadanía se sentía indefensa. Entonces no se advertía una reacción ciudadana contra la violencia. No porque la ciudadanía no la sintiera, sino porque el liderazgo no la orientaba.

De modo que no era o no es insensibilidad, sino el miedo lógico. Es un problema de liderazgo. Cuando la ciudadanía está inmersa en esos problemas se necesitan liderazgos que le ayuden a reaccionar. Podríamos decir que en Colombia, en el pasado, un secuestro más o un secuestro menos no importaban. Yo diría que eso es una percepción inexacta. Lo que pasa es que la ciudadanía no se pronunciaba en la debida forma porque no había un liderazgo que la orientara. Pero eso ha cambiado en Colombia.

¿Es verdad que a los cinco años ya quería ser presidente? Eso son fábulas, leyendas que se tejen. He estado siempre en la vida política. Yo creo que cometí un error y fue el de interesarme por la política aun sin tener uso de razón. Pero lo que a eso se le agregue es leyenda.

¿Y por qué se interesó por la política tan pronto? [Se come otra uva antes de contestar]. En Colombia siempre ha habido participación de mis antepasados en la vida cívica, más que todo, circunscritos a mi región. Después de la violencia entre los partidos, Colombia hizo un Frente Nacional. Lo pactó en el año 57. Empezó a aplicarlo en el año 58 y se celebró un plebiscito, que además de adoptar los acuerdos también reconocía los derechos políticos de la mujer. Mi madre fue en nuestra región líder de ese proceso. Yo había nacido en 1952, el 4 de julio, y de la mano de ella recorrí muchos sitios en su campaña. Ella fue de las primeras mujeres en ser elegida concejal, e inmediatamente, presidente de ese concejo. Ahí tiene narrado algún recuerdo de la primera infancia.

Usted, desde el principio, declaró la guerra al terrorismo de su país y modificó el lenguaje, negándoles la coartada romántica revolucionaria.Sí, porque Colombia ha tenido una democracia operativa, seria y continua y no se puede admitir esta violencia, que además tiene su soporte financiero en el narcotráfico. Una violencia contra la democracia es terrorismo, como lo definen las legislaciones europeas. En América Latina hubo guerrillas contra dictaduras que se legitimaron al denominarlas insurgentes. Insurgencias. En Colombia lo que hemos tenido es un terrorismo narcotraficante contra la democracia.

Y como decía en el almuerzo de hace un rato es el terrorismo más rico del mundo. Claro, algunas guerrillas de América Latina hicieron la paz en el momento en que dejaron de recibir contribuciones de ONG de Europa occidental. Los grupos terroristas de Colombia no han necesitado esas contribuciones porque tienen el negocio del narcotráfico. De ahí la urgencia colombiana de erradicar el narcotráfico. A mí me preocupan los niveles de consumo de Europa. Pienso que Europa va a tener que revisar la política contra el consumo. Creo que es un error en la apreciación política y científica de algunos, al considerar excluyentes la declaración de ilegalidad del consumo con las políticas públicas de prevención y rehabilitación. No son excluyentes. En este momento estamos en una reforma de la Constitución para declarar el consumo ilegal. En un país como Colombia, que tanto ha sufrido, que lucha todos los días contra los cultivos, contra los precursores químicos, contra los laboratorios de droga, contra el tráfico y contra la riqueza ilícita, se llega a la conclusión de que esa lucha puede ser estéril si se mantiene la permisividad sobre el consumo que también hay en Colombia. La mayoría de los países son muy permisivos con la dosis personal. En Colombia usted captura a un narcotraficante y lo tiene que poner en la calle porque la cantidad de droga que lleva en ese momento es una cantidad que se ajusta a la dosis personal, que no está penalizada.

La lucha contra la droga y el antiterrorismo ha sido una constante en Álvaro Uribe. A veces, incluso, con propuestas arriesgadas, como cuando pidió en enero de 2003 a Estados Unidos que realizara un despliegue militar similar al que planeaba para Irak porque en Colombia era donde estaba la auténtica amenaza terrorista. Algunos resultados de su mandato son espectaculares. Desde que Uribe accediera al poder en agosto de 2002, la economía y la inversión extranjera van viento en popa, se han reducido la pobreza (del 56% al 45% en los primeros cuatro años) y el paro (del 20% al 10%), 30.000 paramilitares están en programas de reinserción, según las cifras oficiales, y las FARC han quedado diezmadas, pasando de 20.000 efectivos a 10.000. Las capturas de narcotraficantes son permanentes, y Bogotá es hoy la capital más segura de América Latina, una afirmación que corroboran incluso los más críticos del uribismo, que añaden inmediatamente que Colombia no es sólo Bogotá. El número de homicidios se ha reducido un 40% y el de secuestros, un 80%.

Pero ni tales datos ni su alta popularidad le libran de las sospechas, del escándalo y de las acusaciones más duras. El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel ha dicho que Uribe no se merece el mismo galardón porque es un guerrero "al que no le interesa la paz" y "fomenta la guerra y los conflictos". Veintidós parlamentarios uribistas están imputados por el escándalo de la parapolítica (supuestas connivencias entre los políticos y los capos paramilitares). Muchos consideran que la desmovilización de paramilitares se hizo a costa del perdón, sin exigirles cuentas ni compensar a las víctimas. Al ejército colombiano se le acusa de realizar "ejecuciones extrajudiciales", consistentes en abatir supuestamente a inocentes que hacen pasar por terroristas para engrosar el número de capturas, pervirtiendo la finalidad de la política de incentivos puesta en marcha por Uribe. El último escándalo es el del espionaje desde los servicios de inteligencia, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), a políticos, jueces y periodistas. Una treintena de funcionarios han sido destituidos por ello.

Las organizaciones de derechos humanos denuncian constantemente a Colombia y, aunque Uribe siempre ha logrado salir indemne, claman contra él y su política de seguridad. Según el último informe de la agencia de la ONU ACNUR, se han recuperado dos millones de hectáreas para los desplazados, y el Gobierno está haciendo esfuerzos, pero el número de éstos sigue siendo enorme (hay 800.000 identificados). Otra agencia de la ONU, la UNODC, ha detectado, además, un aumento de los cultivos de coca a partir de 2006, si bien los niveles siguen estando muy por debajo de los registrados en los años noventa. Los demócratas de Estados Unidos, ahora en el poder, rechazan un Tratado de Libre Comercio con Colombia por la muerte de sindicalistas colombianos del campo. Comisiones Obreras de España ha clamado contra el Premio Cortes de Cádiz a la libertad, recientemente otorgado a Uribe, porque "tres de cada cuatro sindicalistas asesinados en el mundo son de Colombia".

Frente a todo ello, Uribe es implacable y desafiante. A las acusaciones más graves, el presidente colombiano responde con réplicas de parecido calibre, y a alguno de los periodistas que le ha planteado cuestiones espinosas lo ha descalificado. A un reportero de Newsweek, en 2002, le acusó de repetir calumnias contra él y cortó abruptamente la entrevista.

Quizá el problema más importante que persiste en Colombia es el de la corrupción. No sé si usted opina de la misma manera. El escándalo de la parapolítica, ahora el espionaje a los políticos... [Interrumpe]. Empiezo por lo general. Creo que hay una gran conciencia en el país para derrotar la corrupción. Por ejemplo, en materia de contratación. Nuestro Gobierno ha introducido una legislación que le da todas las instancias de participación a la opinión pública. Usted no puede ahora en Colombia adjudicar un contrato sin una audiencia de participación de opinión. Nuestro Gobierno ha estimulado la capacidad de denuncia, la confianza de los colombianos en denunciar. Eso facilita la lucha contra la corrupción y la lucha por la transparencia. Se ha desmontado el paramilitarismo. ¿Quién iba a pensar hace unos pocos años que 13 o 14 jefes paramilitares de la mayor importancia estuvieran en cárceles en Estados Unidos extraditados? En Colombia se avanza en una política muy ambiciosa para confiscar la riqueza adquirida ilícitamente. Claro, hay debate todos los días y acusaciones todos los días.

Sí, la crispación política en Colombia es tremenda. Yo diría que Colombia tiene hoy más debate político que confrontación social, y ése es un motivo de orgullo para nuestro Gobierno, que, enfrentando el mayor desafío terrorista, se le ha dado garantías al debate político. Muchos opositores (a mis tesis) que se habían ido al extranjero hoy están viviendo en el país con comodidades, protegidos por la seguridad democrática de nuestro Gobierno y ejerciendo plenamente sus libertades.

Pero hay problemas, como las ejecuciones extrajudiciales, que pueden parecer efectos colaterales de una política que probablemente necesita ajustes. ¿Qué hacer contra ello? [Levanta muchísimo la voz]. Las personas responsables de esos delitos están en la cárcel. A las fuerzas armadas de Colombia este Gobierno les ha exigido desde el primer momento credibilidad, que es lo único que le da sostenibilidad a una política de seguridad ante la opinión pública, y Colombia es una democracia de opinión. Y esa credibilidad debe reposar en dos principios: la eficacia y la transparencia. Y así como le damos todo el cariño a las fuerzas armadas, también por su prestigio y buen nombre tenemos toda la severidad. Cuando alguno de sus miembros comete una violación de los derechos humanos... Pero, mire [grita aún más], esas violaciones se castigan y los responsables van a la cárcel. Y le voy a decir al periódico EL PAÍS de España algo que no se le ha dicho a la comunidad internacional: la inmensa mayoría de las denuncias no han tenido soporte. Para tratar de mantenerse en la impunidad, el terrorismo acusa a las fuerzas militares y de policía de ejecuciones extrajudiciales. Cada ocasión en que las fuerzas abaten a un terrorista se denuncia una ejecución extrajudicial. El Gobierno y la justicia sancionan los casos que tienen soporte. Este Gobierno ha hecho los movimientos más importantes para trasladar competencias de la justicia militar a la ordinaria. Pero también el presidente de la República está obligado a denunciar cómo la gran mayoría de esos casos carecen de soporte y está obligado a decir cómo muchas personas amigas del terrorismo defienden el terrorismo acusando a las fuerzas armadas de violación de derechos humanos.

En noviembre pasado, de hecho, hubo una purga en el ejército de 27 oficiales y suboficiales. Permanentemente. Eso se remonta al principio del Gobierno y hay una constante en mi Administración: apoyo a las fuerzas armadas y rigurosidad para que sean transparentes.

La cinta del magnetofón de César Mauricio Velásquez se detiene emitiendo un ruido sordo. Llevamos sólo 22 minutos hablando, pero el portavoz da por terminada la entrevista. Andan muy mal de tiempo, abunda el canciller. Les digo que aún no he planteado ni la mitad de mis preguntas. De hecho, habíamos acordado 50 minutos de conversación. Uribe intercede: "Hágame una preguntica última, a ver, querida".

Tenía tantas que hacerle... Dígame al menos cómo van las relaciones con la Administración de Obama. Las ejecuciones extrajudiciales y la violación de derechos humanos tienen una gran trascendencia en sus relaciones con Washington. Lo grave sería que Colombia no tuviera capacidad de denunciar, y la capacidad de denunciar la han recuperado los colombianos gracias a la seguridad. Lo grave sería que Colombia no tuviera capacidad de castigar. Lo grave sería que Colombia no tuviera capacidad de enfrentar a los terroristas, y está demostrando toda su capacidad de enfrentarlos. Con el nuevo Gobierno de EE UU hay las mejores relaciones y hemos recibido todas las manifestaciones de seguir trabajando conjuntamente, porque EE UU nos ha dado un apoyo práctico que agradecemos en la lucha contra el terrorismo. [Se pone de pie para despedirse].

Usted ya ha tenido una reunión primera con Obama. Y con muchos integrantes de su Gobierno. Estados Unidos ha tenido una vieja alianza con Colombia que los colombianos valoramos mucho.

Recogiendo mis cosas y antes de que me acompañen a la puerta con prisas y sonrisas, le digo que hay quien lo define como trabajador tenaz, aunque también terco, lo que es más peyorativo. Y entonces regala a la audiencia un último guiño: "Yo no tengo sino dos cualidades: amo a mi patria y soy perseverante. Queda autorizada para que en lugar de perseverante, por su cuenta, escriba terco".

¿A caballo hacia un tercer mandato?

Álvaro Uribe es hijo de un terrateniente de Antioquia y una concejal comprometida con los derechos de las mujeres. Primogénito de cinco hermanos, estudió Derecho y es diplomado en Administración y Gerencia por Harvard y Oxford, pero se dedicó a la política siendo aún muy joven. Logró ser senador por el Partido Liberal y gobernador del departamento de Antioquia. Las victorias electorales y las acusaciones contra él son constantes en su trayectoria política. Ya en los primeros años de su carrera se le señaló por presuntas connivencias con los paramilitares. A pesar de las múltiples acusaciones de que ha sido objeto, ganó como independiente las elecciones presidenciales de 2002 en primera vuelta con el 53,1% de los votos y barrió en 2006 con el 60%. Es el primer presidente de Colombia que repite mandato, y aún nadie descarta que se presente a un tercero el próximo año. La llamada �seguridad democrática� es su bandera. Sobre la violencia que sufre su país proclamó al principio: �Esto no es un conflicto. Son 40 años de tortura de unos terroristas�.Es un hábil jinete, capaz de montar a caballo con una taza de café en la mano y no derramar ni una gota. Es un hombre muy religioso, madrugador, infatigable y tenaz, además de poseer una memoria portentosa. Tiene en la cabeza todas las estadísticas de su país. Respaldo al ejército. Álvaro Uribe ha reforzado las capacidades operativas del ejército colombiano. En la foto, a caballo el Día de las Fuerzas Armadas en una escuela militar de Bogotá.

domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Pero dónde estaba el supervisor?

SANDRO POZZI 21/12/2008

La regulación está ahí, el problema es que no se aplica. Las críticas hacia las autoridades reguladoras en EE UU crecen al ritmo de la ansiedad que expresan los afectados por el fraude orquestado por Bernard Madoff. Se durmieron en los laureles, hasta el punto de que no supieron reaccionar ante las luces rojas que durante una década advertían de que algo no iba bien, que todo era demasiado bonito para ser verdad.

Algo extraño se mueve por las turbulentas aguas del sistema financiero, en un momento en que la confianza brilla por su ausencia. Nadie sabía nada ni se responsabiliza de lo sucedido, a pesar de que Madoff recurrió a uno de los fraudes más vulgares que se conocen: la trama Ponzi, una estafa piramidal en la que los rendimientos prometidos se pagan con el dinero de nuevos inversores que quedan atrapados en la Red.

Para mantenerla viva, Madoff necesitaba captar fondos constantemente. Lo tenía fácil, porque muchos inversores estaban ansiosos por hacer dinero con él. Le veían como un Dios, y deseaban entrar en su distinguido club sin hacer más preguntas de las precisas. Su registro parecía desafiar las leyes de la gravedad, al producir retornos de entre el 8% y el 12%, incluso cuando el mercado se venía abajo. La firma Hennessee Group sólo encontró cinco meses con caídas en la rentabilidad desde 1994. Primera luz roja.

Las piezas del puzzle empiezan a encajar. Madoff esquivó a los inspectores creando una doble contabilidad y falseando documentos sobre las actividades de la firma. Su trama se alimentaba principalmente de hegde funds. La documentación oficial de la Securities and Exchange Commission (SEC) habla de que gestionaba activos por valor de 17.100 millones de dólares. Madoff tutelaba con celo las inversiones. Hacía a la vez de gestor, de broker y de contable. Segunda luz roja.

Los inversores se preguntan cómo los reguladores no fueron capaces de detectar un fraude de tal dimensión y duración. Laura Unger, antigua comisaria de la SEC, explica que los mercados financieros se están haciendo "demasiado complejos y rápidos" para que la agencia supervisora pueda realizar su labor de policía con eficacia. "La estructura reglamentaria está rota", dice Unger, y por eso defiende una reforma profunda.

Dicho esto, precisa que el fondo no estuvo registrado hasta 2006, por eso escapó del control. "No había una jurisdicción clara". El problema es que la SEC no fue capaz de darse cuenta de lo que se estaba cocinando entre bastidores. La pregunta que surge ahora es ¿cuántos fondos de este tipo existen en el mercado? La respuesta que dan los expertos es "muchos", gestionados en su mayoría por influyentes figuras del mundo de las finanzas.

EE UU introdujo en diciembre de 2004 nuevas reglas que obligaban a los gestores de fondos especulativos a registrarse ante la SEC. La norma se aplica a todas las firmas que manejan activos por un valor superior a los 25 millones de dólares y con más de 15 inversores. El problema, como señalan los profesionales del sector, es que los reguladores no disponen de personal para ir llamando a la puerta de las 11.300 firmas registradas e identificar riesgos potenciales.

El presidente de la SEC, Christopher Cox, acaba de pedir al inspector general, David Kotz, que lance una investigación interna para aclarar cómo se pudo escapar el fraude. Kotz no se ha mordido la lengua al criticar el trabajo de la agencia, a la que acusa de ser demasiado cercana a las entidades que regula, hasta el punto de que muchos reían las gracias a Bernard Madoff, incluido William Donaldson, que estuvo al frente de la SEC cuando surgieron las primeras sospechas sobre las actividades de la firma.

Madoff estaba plenamente integrado en el sistema. Presidió el Nasdaq a comienzos de los años noventa. Está considerado como una de las figuras clave en el desarrollo de los mercados electrónicos, un visionario que con su apuesta por la tecnología contribuyó a cambiar la forma en la que se opera en las Bolsas mundiales. Por su experiencia, los supervisores le pedían consejo y escuchaban su opinión sobre cuestiones reglamentarias para proteger a los inversores.

La imagen de la SEC está por los suelos. Las inspecciones sólo revelaron tres pequeñas violaciones técnicas en la entidad. La trama pasó por delante de ellos sin que se dieran cuenta. Y esto a pesar de que algunos profesionales del mundo de las finanzas expresaron su preocupación por las prácticas de Madoff desde 1999, algunas alertando de una trama del tipo Ponzi. "Hubo alegaciones creíbles y específicas", reconoce el presidente de la SEC.

Las primeras denuncias empezaron a circular en 1992, lanzadas por un rival de Madoff en Boston. Ésa podría ser la fecha que marca el inicio del fraude, pero no está claro. Pero el regulador hizo caso omiso a las numerosas alertas y se confió en la información que voluntariamente les facilitaba Madoff. Ahora se trata de saber las razones por las que las acusaciones no fueron tomadas en cuenta, y determinar la relación del personal de la SEC con la familia Madoff y su firma financiera.

Hasta ahora prevalecía en EE UU la idea de que fuera la propia industria la que se fijara sus propias reglas. Pero el escándalo Madoff puede convertirse en un motivo más para que el Congreso pida una mayor regulación de los mercados. Y eso es precisamente lo que la Federación de Consumidores de EE UU espera del presidente electo, Barack Obama, cuando llegue a la Casa Blanca.

El presidente del subcomité de Mercado de Capitales de la Cámara de Representantes, Paul Kanjorski, no quiere perder el tiempo y se dispone a convocar una audiencia en enero para examinar el fraude y cómo se le pudo escapar a la SEC. Su objetivo es ayudar al comité de Servicios Financieros a reescribir las reglas que gobiernan el sistema financiero.

El congresista demócrata dice que el escándalo debilita aún más la confianza de los inversores hacia el mercado y pone en entredicho la efectividad de la regulación. El republicano Spencer Bachus se pronuncia en el mismo sentido, al afirmar que este episodio "crea serias dudas sobre la habilidad de la SEC de cumplir su misión de proteger y defender el interés a los inversores".

La persona elegida por Barack Obama para crear el nuevo sistema que gobernará Wall Street es Mary Schapiro, actual responsable del órgano que supervisa las firmas de intermediación bursátil. Su misión en última instancia será la de justificar la existencia misma de la SEC y dotarla del "espíritu de responsabilidad" que necesita para hacerse con la confianza del público, como explicó el presidente electo.

"Necesitamos un marco regulador del siglo XXI, para que una crisis así no vuelva a producirse", reiteró Obama, que reconoció que los comités del Congreso que examinan estas cuestiones pecaron de ingenuos al creer que la regulación era suficiente para controlar los riesgos. Schapiro señaló en este punto que "la única manera de recuperar la confianza es a través de una reforma efectiva y de una aplicación consistente de la reglamentación".

Poner reglas al riesgo es muy difícil, como explican los expertos, y la vigilancia no es suficiente por sí sola para evitar ser víctimas de los engaños. Bernard Madoff gestionaba las fortunas de los más ricos entre los ricos, gente que -se supone- sabe de números. Por eso se pide a los inversores que también pongan de su parte y exijan a sus gestores que sigan los procedimientos adecuados para ver las alarmas antes de que se venga abajo.

Obama, que asume la presidencia el 20 de enero, habla de restaurar el "sentido de responsabilidad, honestidad y transparencia" para que la gente "pueda confiar en el valor de los productos financieros que compran". Un cambio ético en Wall Street que representó en la siguiente frase: "Podemos tener los mejores reguladores del mundo, pero todos, ejecutivos, accionistas e inversores, deben preguntarse algo más que si esto es rentable o si hará subir los bonos". -

Este tipo estafó al universo


FRANCISCO PEREGIL 21/12/2008

Hace diez días el agente del FBI Theodore Cacioppi llamó a un apartamento de Manhattan. Sabía que la persona que estaba al otro lado de la puerta no sólo era el hombre que modernizó la Bolsa de Nueva York y consiguió que los intermediarios cambiaran el teléfono por el ordenador, con lo que las operaciones empezaron a cerrarse en segundos en vez de minutos y se podía ganar más dinero en menos tiempo.

No sólo había sido el presidente del Nasdaq, el mercado electrónico de acciones de EE UU. Ahora era el director de una empresa que se dedicaba a la intermediación bursátil y de otra, Bernard Madoff Investment Securities, que asesoraba a grandes inversores particulares y a gestoras de fondos. Su empresa ostentaba el récord de haber pagado beneficios superiores al 8% anual durante 72 meses consecutivos.

Bernard Madoff era, a sus 70 años, un sabio de Wall Street. Pero además, era un buen donante de las campañas electorales del Partido Demócrata y un generoso filántropo. Junto a su esposa, Ruth, dirigía la Fundación Madoff, que el año pasado donó 19 millones de dólares al grupo voluntario Kav Lachayim para que trabajase en escuelas y hospitales de Israel.

Él agente sabía todo eso y Bernard Madoff sabía a qué venía Cacioppi. Según consta en la denuncia por fraude masivo presentada por el investigador del FBI, una vez que el magnate les invitó a pasar a su casa el agente le advirtió:

-Estamos aquí para averiguar si hay una explicación inocente.

Y Madoff le contestó:

-No hay ninguna explicación inocente.

Madoff había empezado a juntar sus primeros ahorros como socorrista en las playas neoyorquinas de Long Island mientras estudiaba Derecho. A los 30 años, sin haber terminado la carrera y con 5.000 dólares en el bolsillo, fundó la empresa que llevaría siempre su nombre. Diez años después incorporó a su hermano Peter al negocio. Y después llegarían sus dos hijos y una nieta abogada.

El jueves 11 de diciembre, frente al agente Cacioppi, el gran sabio de las finanzas reconoció que durante 40 años tuvo a todo el mundo engañado. Que montó su empresa con un esquema fraudulento, que había cometido una estafa por valor de 50.000 millones de dólares (37.470 millones de euros) y que estaba arruinado y dispuesto a ir a la cárcel.


El agente había hablado dos días antes con dos directivos de su empresa. Ellos le contaron cómo a primeros de diciembre Madoff los llamó a su despacho para decirles que se veía obligado a devolver a ciertos inversores unos 7.000 millones de dólares y tenía dificultades para hacerlo. Los ejecutivos creían hasta ese momento que la empresa de Madoff disponía de una liquidez de entre 8.000 y 15.000 millones de dólares para responder a cualquier emergencia.

El martes nueve de diciembre Madoff los llamó de nuevo para comentarles algo aparentemente contradictorio con esa falta de liquidez: quería adelantar a diciembre la paga de los bonos que la compañía pagaba a sus trabajadores en febrero. ¿Por qué? Madoff les advirtió de que no le era posible abordar el asunto en la oficina y los invitó a su apartamento en Manhattan. Una vez allí, el jefe se quitó la careta. Les dijo que su negocio de asesoría financiera era "un fraude", que no tenía "absolutamente nada" de dinero y que antes de entregarse a la policía quería repartir los 200 o 300 millones de dólares que le quedaban entre empleados y familiares. Todo había sido "una gran mentira" sostenida durante cuarenta años sobre un "gigantesco esquema de Ponzi".

El inmigrante de origen italiano Carlo Ponzi (1882-1949) logró ingresar en los manuales de economía cuando en 1919 arruinó a 20.000 personas en Estados Unidos, a las que robó nueve millones de dólares. Ponzi se hizo millonario devolviéndole a algunos clientes el doble de lo invertido en sólo 90 días; eso sí, pagaba con el dinero de otros miles de clientes a los que nunca devolvió nada. En ese sistema, los últimos que llegan son los que están condenados a perder todos sus ahorros. Y los que llegan primero y saben retirarse a tiempo ganan un dinero fácil. Pero el sistema es ilegal, está basado en el engaño. A diferencia del fraude piramidal, en la estafa Ponzi es sólo una persona la que mantiene contacto directo con los inversores, mientras que en la pirámide la víctima también se convierte en estafador.

"Madoff fue más listo que Ponzi", indica un economista afincado en Estados Unidos, "porque él no prometía intereses del 30% ni del 40%, y mucho menos del 100% en tres meses, como Ponzi. Sus fondos de inversión daban unos beneficios de entre el 10% y el 15% al año, lo cual es algo extraordinariamente bueno, pero no escandalosamente bueno. Y aunque lloviese o nevase fuera, él aseguraba ganancias cada mes".

"El alza de la Bolsa y de la vivienda ha permitido todos estos años atrás ocultar muchos errores de gestión", explica el consultor financiero de Washington Isaac Cohen, de 68 años. "El dinero que ingresaba Madoff lo usaba para pagar a algunos de sus clientes. Y cuando dejó de entrar dinero se cayó la escalera. Se quedó sin ingresos para cubrir con las obligaciones".

Tras oír la confesión del jefe, los dos directivos, que en la denuncia del agente Cacioppi aparecen citados como "empleado senior número uno" y "empleado senior número dos", delataron a su jefe. En realidad, los empleados de Madoff eran sus hijos Andrew, de 42 años, y Mark, de 44. Ambos aseguran haber invertido varios millones de dólares en la empresa del padre y desde aquella conversación le retiraron la palabra, según fuentes citadas por la agencia Bloomberg. La policía no ha emprendido acciones contra ellos, pero sí contra Ruth, la esposa de Madoff, por supuesta connivencia en los desfalcos.

Madoff confesó al agente Cacioppi que el fraude podría alcanzar los 50.000 millones de dólares. También le dijo que estaba arruinado. "Pero yo no me puedo creer que 50.000 millones se puedan haber esfumado así como así. Madoff debe haber comprado algo y algún dinero se recuperará", indica Arturo Porzecanski, de 59 años, profesor de finanzas internacionales de la American University, en Washington, quien trabajó durante 30 años en instituciones de Wall Street.

Lo cierto es que no se conoce ni cuánto dinero robó Madoff ni a cuánta gente. La Securities Investor Protection Corporation (SIPC), el organismo que tratará de recuperar el capital de los inversores, ha advertido que se puede tardar hasta seis meses en aclarar las cuentas de Madoff. Hay miles de pensionistas adinerados y docenas de entidades financieras entre los afectados. El Banco Santander ha sido uno de los más perjudicados. La imagen de sus sucursales con su logotipo rojo se han mostrado a menudo en los informativos de los principales canales de televisión en Estados Unidos.

No había transcurrido ni medio año desde que la revista Euromoney otorgara en junio al Santander el premio al mejor banco del mundo. Su presidente, Emilio Botín, envió a la ceremonia celebrada en Londres ante los representantes de las principales entidades financieras británicas un discurso pronunciado en inglés. Sus palabras resultaron premonitorias en verano y se han vuelto contra él en invierno: "Como ustedes saben, el Banco Santander es una de las pocas entidades financieras que ha atravesado exitosamente las turbulencias financieras del año pasado sin que se viera afectado por los productos tóxicos. Ustedes pueden preguntarse cómo fue eso posible. Bien, déjenme explicárselo: Si no entiendes completamente un producto, no lo compres; si no comprarías un producto para ti mismo, no lo vendas; y si no conoces a tus clientes muy bien, no les prestes dinero. Si haces estas tres cosas serás un mejor banquero, hijo mío".

El banco Santander pareció seguir bien la primera máxima (si no entiendes completamente un producto, no lo compres), porque apenas invirtió 17 millones de euros en la empresa de Madoff, pero desatendió el segundo precepto (no vendas lo que no comprarías para ti), porque invirtió 2.300 millones con el dinero de sus clientes.

Entre los miles de afectados se encuentra Alicia Koplowitz, una de las mujeres más ricas de España, quien ha podido perder unos 10 millones de euros, y el empresario Juan Abelló. Entre las firmas españolas que invirtieron en Madoff destacan M&B Capital Advisers, de Javier Botín (hijo de Emilio) y Guillermo Morenés (marido de Ana Patricia Botín, hija del presidente del Santander); el BBVA y el propio Santander a través de Optimal, su gestora de hedge funds.

Otras víctimas son el asesor financiero de los famosos de Hollywood, Gerald Breslauer, quien a su vez invirtió dinero del director Steven Spielberg, y entidades humanitarias, además de otros bancos como el británico HSBC, con casi 750 millones de euros, o el BNP, el mayor banco francés por valor de mercado, con unas potenciales pérdidas de 350 millones de euros.

Hay periodistas judíos que han lamentado el daño que Madoff ha infligido a su pueblo y han recordado que entre los estafados también hay organizaciones benéficas judías.

Después del descalabro surge la pregunta: ¿Cómo pudo engañar a Bernard L. Madoff durante casi 40 años a todo el mundo? ¿A sus dos hijos, a su hermano Peter, a PwC, KPMG y Ernst & Young, tres de las cuatro mayores auditoras del mundo, a medios como The Wall Street Journal, bancos como el Santander, a la comisión de valores de EE UU (Securities and Exchange Commission, SEC), en cuya plantilla de 3.000 empleados hay 400 técnicos cuya misión es precisamente velar para que no se perpetren fraudes cómo éste? Hubo periodistas especializados en hedge funds, como Michel Ocrant, que en 2001 entrevistó durante varias horas a Madoff porque tenía ligeras sospechas sobre su negocio. Y lo vio tan sereno y seguro de sí mismo que salió convencido de que Madoff, sencillamente, había dado con una gran fórmula de hacer dinero.

Es verdad que Madoff poseía una gran capacidad de convicción. Para meter la mano en los bolsillos mejor protegidos del mundo tuvo que limarse bien las uñas. Madoff transmitía riqueza, pero no excesiva ostentación. Seguridad, pero no codicia. Cada vez que visitaba su barbería predilecta en la avenida Worth de Palm Beach (Florida) se gastaba el equivalente a 15 euros en manicura, 45 en el corte de pelo y 27 en el afeitado. Vive en un piso que compró en 1990 a diez manzanas de su oficina por 3,3 millones de dólares; tiene otra casa frente a las playas de Long Island, donde solía invitar a sus empleados, y es propietario también de una vivienda valorada en 21 millones de dólares junto a las canchas de golf del Palm Beach Country Club. Y posee un yate de 16 metros de largo que compró en 1977 por 462.000 dólares. En definitiva, tres casas, un yate y el abono de socio a unos selectos clubes de golf, donde solía jugar junto a su esposa.

"Todos los tramposos son simpáticos. Y él lo era hasta el punto de que iba a los funerales de sus inversores", explica el consultor Isaac Cohen. Es verdad que el aura de triunfador ayuda a convencer a los demás, pero no basta para explicar por qué cayeron tan ingenuamente en sus redes tantísimos expertos financieros. ¿Cómo pudo, entonces, engañar a todos? En la pregunta está la trampa. Se trata de uno de los mayores fraudes financieros de la historia, si no el mayor. Pero Madoff no engañó a todos.

Hubo alguna entidad, como la francesa Société Générale, que cumplió con su deber de supervisar el lugar donde pensaba invertir el dinero de sus clientes. Hace cinco años, cuando todo lo que rodeaba a Madoff olía a prestigio y solvencia, un equipo del banco acudió a la oficina de Manhattan para efectuar una supervisión rutinaria. Y vieron que los números no cuadraban. Lo mismo ocurrió con Aksia, una empresa neoyorquina especializada en asesorar sobre fondos de inversión. La gente de Aksia, tras 18 meses de inspecciones, averiguaron el año pasado que la contabilidad de la empresa de Madoff la llevaba la compañía Frieshling & Horowitz. Y detrás esa empresa sólo había tres personas. Una de ellas tenía 78 años y vive en Florida y la otra era una secretaria.

Además, hubo gente como el financiero Harry Markopolos, de Boston, que trabajaba en una empresa rival y venía remitiendo cartas a la SEC ¡desde 1999! en las que denunciaba que Madoff estaba actuando ilegalmente con un sistema Ponzi. "Yo fui el chico que gritó que viene el lobo", declaró Markopolos esta semana. A Markopolos le espolearon sus jefes para que consiguiera los mismo resultados que Madoff.

Pero era imposible. No disponía de pruebas corroborables, pero escribió en el año 2000 una carta que comenzaba diciendo: "Soy un idiota por hacerles perder el tiempo" y en las que pedía que se investigara a Madoff. La carta llegó a Edward Manion, un empleado de la SEC en Boston, que le confió por teléfono: "Esto parece serio". Al año siguiente, la investigación de la SEC en Boston pasó a Nueva York. Pero Manion pidió a Markopolos que siguiera remitiendo informes a la sede central de la SEC. Y así lo hizo durante ocho años.

Por fin, en junio de 2006, la SEC abrió fin una investigación sobre Madoff. Ese mismo año, Eric Swanson, un funcionario de la SEC de nivel medio, conoció a Shana Madoff, una nieta del financiero que trabaja como abogada en la empresa de Madoff. Swanson dejó su puesto en la SEC y se casó el año pasado con Shana. En noviembre de 2007 la SEC concluyó su investigación afirmando que no había evidencia de fraude en la empresa de Madoff. Hay quien se pregunta si en la actitud de la SEC influyó en algo la relación del funcionario Eric Swanson con la nieta de Madoff. Puede incluso que alguien de la SEC cobrara no ya por mirar hacia otro lado -cosa que era imposible puesto que la investigación tenía como objetivo descubrir se había producido un fraude de sistema piramidal-, sino por mentir a sabiendas. O puede que sólo influyera el hecho de que los inspectores de la SEC creían en la magia de Madoff. Los intereses que supuestamente repartía iban hacia arriba cuando todo el mundo se precipitaba hacia el fondo de la crisis. Y Madoff siguió jugando al golf y reclutando clientes.

En un acto de asunción de responsabilidad sin precedentes, el presidente de la SEC, Christopher Cox, reconoció que durante casi una década hubo "específicas y creíbles" denuncias contra la empresa de Madoff a las que la Comisión de Valores no prestó atención. Cox ha puesto en marcha una investigación interna. Pero antes de empezarla ya se sabe que la SEC se conformó con estudiar los libros que el propio Madoff le facilitaba, libros que estaban llenos de datos falsos, según reconoce ahora el propio Cox, sin solicitar una autorización judicial para inspeccionar todas las cuentas. Esta semana el presidente electo, Barack Obama, ya nombró a la que será sustituta de Cox en la SEC, Mary Schapiro.

Madoff tampoco logró engañar, probablemente, a algunos inversores que supieron retirarse a tiempo. "Y esos estarán ahora bien calladitos, pero seguro que ganaron un buen dinero", indica un economista afincado en Washington que prefiere no revelar su nombre. Esta fuente del sector considera que el Santander pecó de negligencia. "Se produjo algo parecido a lo de las hipotecas subprime. Un intermediario deposita su confianza en otro, que a su vez la deposita en otro... y al final se evapora el dinero de los clientes del Santander. Es cierto que vivimos hoy en una sociedad en la que todo el mundo se especializa y subcontrata a alguien. Pero si yo dejo mi dinero en el Santander es porque confío en que vaya a hacer el trabajo de supervisión en los fondos que yo no puedo hacer".

Hay quien se pregunta también si de verdad engañó Madoff a sus propios hijos. La empresa de asesoría de Madoff, desde donde se venía cometiendo el fraude, se encontraba en el piso 17 del edificio Lipstick, y la de corretaje, donde trabajaban el hermano, los hijos y la nieta, en los pisos 18 y 19. Las empresas usaban sistemas informáticos distintos y Madoff guardaba los libros de contabilidad bajo llave. Mientras la empresa de arriba ofrecía una transparencia absoluta, la de abajo era opaca.

¿Por qué confiaron tantos inversores en que de en esa oscuridad del piso 17 su dinero estaba a buen recaudo? El agente Cacioppi deja entrever una posible respuesta citando un párrafo que aparecía en el portal de Internet de la empresa de Madoff: "En la época de las organizaciones sin rostro que pertenecen a otras organizaciones igualmente sin rostro, Bernard L. Madoff Investment Securities vuelve a una época anterior en el mundo financiero: El nombre del propietario está en la puerta. Los clientes saben que Bernard Madoff tiene un interés personal en mantener el intachable historial de retorno sobre las inversiones, negocios justos y altos estándares éticos que siempre han distinguido a esta empresa".

O lo que es lo mismo: la palabra de un hombre es su contrato. A pesar de ser un adalid de los avances electrónicos, Madoff no abría el sistema informático del piso 17 para que los clientes comprobaran la evolución de sus propias inversiones. A cambio, Madoff les vendía su gran aura de persona con acceso a las informaciones más confidenciales de Wall Street. Su nombre estaba en la puerta. Parecía tan fiable que le apodaban el judío de las Letras del Tesoro. Pedirle que desvelara sus métodos, segúnThe Economist, era como pedirle a Coca-Cola que enseñara su fórmula mágica. Madoff cultivaba con tanta convicción su imagen de tipo selectivo que se permitía rechazar clientes adinerados.

Madoff ha pagado una fianza de 10 millones de dólares y ha de llevar un brazalete metálico. Vive ahora bajo un arresto domiciliario que le obliga a permanecer en casa desde las siete de la tarde a las nueve de la mañana. Uno de los principales humoristas del país recordaba que no parece un castigo muy duro para una persona de 70 años pasar la noche en casa. Lo máximo que le puede caer por el fraude cometido son el pago de una multa equivalente a 3,4 millones de euros y 20 años de cárcel.

Entre las muchas explicaciones que puede ofrecer Madoff para contar lo que hizo, no hay ninguna inocente. -

"Ya nos estábamos mereciendo un fraude"

Arturo Porzencanski, profesor de finanzas internacionales de la American University, en Washington, se ha pasado 30 de sus 59 años trabajando para empresas de Wall Street. Porzencanski cree que no debe sorprendernos en exceso esta gran estafa. "Se trata del primer gran fraude de la gran recesión que sufrimos, pero era lógico que viniera. Cada vez que ha bajado la marea, empiezan a descubrirse cadáveres. Cuando bajan los beneficios y llegan las pérdidas quedan al descubierto las malas prácticas. En las recesiones de los años 70, 80 y 90, ocurrió lo mismo. De tantos errores financieros honestos como hemos padecido en los últimos meses, ya nos veníamos mereciendo un fraude. Por fin llegó, es parte del drama y hay que asumirlo".

No obstante, Porzencanski cree que el Gobierno de Estados Unidos debería extraer enseñanzas de este fraude y renovar la comisión de valores, la tan temida y respetada Securities and Exchange Commission (SEC). "La SEC ha llevado a muchos ejecutivos a la cárcel desde su creación en los años 30, pero ahora ha demostrado su inoperancia", dice Porzencanski. "Bajó la marea y se vio que el rey también estaba desnudo. Debe haber una gran reforma regulatoria, la primera grande en 80 años. Porque es verdad que existen muchas normas para regular y vigilar el mercado. Cuando empiezas a trabajar en un banco tienes que leerte libracos enteros con las normativas internas donde casi te dicen hasta a qué horas has de ir al baño. Pero el problema es que las reglas se han quedado muy por detrás de los avances tecnológicos". -