miércoles, 5 de noviembre de 2008

Obama: "El cambio ha llegado a América"


"El sueño de esta nación está vivo", dijo Obama, quien entonó una vez más el "yes, we can", ahora ya como vencedor de las elecciones a la Casa Blanca. Obama compareció ante decenas de miles de personas congregadas en el Parque Grant de Chicago, poco después de que el candidato republicano a la presidencia, el senador John McCain, aceptara su derrota. 

En los primeros minutos de su discurso Obama afirmó que con su victoria los estadounidenses "han enviado un mensaje a todo el mundo. Que no somos una colección de estados rojos (republicanos) o azules (demócratas). Somos y siempre seremos los Estados Unidos de América". También agradeció la llamada de su rival. "He recibido una llamada fantástica de McCain, lleva trabajando durante mucho tiempo por nuestro país, ha sufrido mucho por Estados Unidos y por ello le felicito. También a Sarah Palin por todo lo que ha hecho". 

Obama ha tenido palabras de agradecimiento para su "compañero, que se ha dejado la piel trabajando, el candidato electo como Vicepresidente de EE.UU. Joe Biden". El senador por Illinois, que el 20 de enero se convertirá en el primer presidente negro del país, en sus primeros instantes ante el pueblo estadounidense tras su victoria agradeció a su esposa e hijas su apoyo y declaró que echa de menos a su abuela, que murió el último lunes. "No estaría aquí sin la piedra angular de mi familia, el amor de mi vida y la futura 1ª Dama, Michelle Obama". 

Se ha referido también al electorado que le ha votado. "Por lo que nunca olvidaré esta victoria es por ustedes. Por todos aquellos que han donado para la campaña lo que podián, por los jóvenes que han desmitificado la pasividad para ir a votar y por los no tan jóvenes que han sido voluntarios y han ayudado...".

"No lo han hecho por mi, sino por la magnitud del reto que tendremos. Hemos demostrado que el Gobierno del pueblo para el pueblo, no ha muerto". 

"Les pido que el cambio, que ya hemos conseguido, no termine aquí. Les pido un patriotismo de responsabilidad". 

Mientras, 70.000 gargantas congregadas en las cercanías del estrado desde el que hablaba cantaban el lema de la campaña "Si podemos", Obama afirmó que "esta victoria les pertenece a ustedes".

"No empezamos con mucho dinero o apoyos. Esta victoria se edificó con gente normal y corriente que dio lo que pudo. Esta es vuestra victoria", exclamó.

Obama, que apareció tranquilo y relajado tras una campaña electoral que para muchos parecía eterna, no vaciló una sola vez durante sus 16 minutos de discurso.

El senador recordó las dificultades a las que se enfrenta el país, envuelto "en la crisis financiera más grave de hace un siglo", ni olvidó a los estadounidenses que están desplegados en Irak y Afganistán.

Obama terminó su discurso acompañado por el vicepresidente electo, Joe Biden, y con el tradicional "que Dios bendiga a Estados Unidos".

Instantes después, las familias de los dos candidatos ya elegidos, subieron al estrado.

Chicago era una auténtica y emocionante fiesta.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Sólo faltan horas, sólo queda votar y hacer historia

Llegó el momento clave de la elección. Ya las promesas de los candidatos quedan atrás y los electores son quienes darán su veredicto sobre quién debe conducir las riendas de Estados Unidos. Mañana concluye un largo período electoral, 22 meses, que sirvieron para depurar una extensa lista de aspirantes a la presidencia, hasta quedar los senadores Barack Obama y John McCain, demócrata y republicano, respectivamente. Ellos presentan dos interpretaciones muy distintas del presente y proyectan dos visiones opuestas del futuro. Además, es un momento histórico porque por primera vez un afroamericano puede llegar a la Casa Blanca o una mujer a la vicepresidencia.

Pocas veces en la historia de Estados Unidos las opciones electorales han sido tan importantes dada la situación coyuntural en que se encuentra la economía, la guerra en Irak y Afganistán y la calidad de vida de los estadounidenses. Por eso es alentador ver el entusiasmo que despierta esta elección en todos los sectores nacionales, especialmente en los nuevos votantes. Es impresionante la alta participación electoral en los estados que ya comenzaron el proceso. 

En un reciente sondeo de opinión Gallup, el 95% de los entrevistados dijo que votar era un acto de patriotismo. Es asumir la responsabilidad que la democracia brinda a todos los ciudadanos de tener voz en las grandes decisiones. Sólo quedan horas, sólo queda votar y hacer historia.

Estar a la altura

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 03/11/2008

Más allá de quien gane mañana, 4 de noviembre, habrá que celebrar la grandeza de la democracia estadounidense, capaz de dar a elegir a sus ciudadanos entre dos candidatos que, gustos aparte, se representan a sí mismos y a sus ideas, no a losaparatos de los partidos que los han llevado al poder. En el caso de Obama, su inesperada victoria en las primarias, las decenas de millones de dólares en pequeñas donaciones individuales recibidas por su campaña y los miles de voluntarios que hay detrás de su candidatura, dan una idea muy precisa de hasta qué punto el proceso electoral descansa sobre una sociedad vibrante y abierta.

Una vez más, el dinamismo del sistema político estadounidense contrasta con el anquilosamiento dominante en el Viejo Continente, donde hasta en democracias tan jóvenes como la nuestra los partidos políticos han logrado, en un brevísimo lapso de tiempo, sofocar todo atisbo de debate interno y convertirse en un cuerpo extraño, imposible y a la vez imprescindible. Realmente, a decir de su apolillamiento, pareciera que es en Europa donde la democracia lleva más de doscientos años de funcionamiento ininterrumpido.

Si, además, los estadounidenses eligen a Obama, revitalizarán de manera tan rotunda la idea misma de democracia, desgraciadamente tan desacreditada en tantas partes del mundo (en gran medida por la política exterior seguida por Estados Unidos), que no sólo restaurarán el prestigio perdido y dilapidado por Bush en estos ocho años de desgobierno moral y mental, sino que contribuirán muy decisivamente a impulsar su extensión en el mundo (y ello pese a que esa bonita palabra, democracia, no figure en ningún lugar de la Constitución americana).

Porque aunque sea técnicamente falso que la elección de Obama represente la toma del poder en el país más poderoso del mundo por parte de los descendientes de los esclavos (al fin y al cabo, Obama es hijo de una antropóloga blanca y un becario de Kenia, pero se crió con su madre, primero, y con sus abuelos maternos, después), tanto Obama como los afroamericanos estadounidenses y el resto del mundo han decidido que así sea, y eso es lo que cuenta. No está mal, desde luego, para un país al que normalmente consideramos muy racista, especialmente comparado con España, donde los inmigrantes son sencillamente invisibles en la vida pública. De confirmarse el fenómeno Obama, las repercusiones en política exterior serán importantísimas.

Aunque los agoreros nos dicen que no nos hagamos ilusiones, para lo cual argumentan que los europeos no entendemos Estados Unidos, un país supuestamente esclavo del 11 de septiembre, naturalmente aislacionista y sometido al libre mercado, Dios y las armas de fuego, hay motivo para tener esperanza. Yes, we can. Que a un tejano sin pasaporte le suceda en la Casa Blanca un mulato que ha asistido al colegio público en Indonesia y que ha callejeado por los arrabales de Nairobi para visitar a sus parientes lejanos no está nada mal. Como el propio Obama recuerda en su libro, The audacity of hope (La audacia de la esperanza), no es lo mismo ver a pie de obra, en los callejones de Yakarta, las consecuencias de una política exterior que apoya a generales corruptos y violadores de los derechos humanos, que hacerlo en los despachos de Washington o en los cócteles de las embajadas.

Es cierto que los europeos, conscientes de nuestra impotencia, tendemos a proyectar nuestros deseos y frustraciones sobre Estados Unidos, de tal manera que nuestra política exterior tiende a ser más un comentario de aprobación o condena de la política exterior de Washington que algo con personalidad propia real. Por eso, para variar, el día después de estas elecciones podría ser un buen momento para que los europeos, sabiendo quién ha triunfado, hagamos una lista de cosas que queremos y estamos dispuestos a hacer (de verdad, no sólo sobre el papel) y vayamos a Washington a cotejarla con la del candidato ganador. Por tanto, si gana Obama, yo me preocuparía más bien de si Europa estará a la altura de las circunstancias, que de si el nuevo presidente será quien queremos que sea. ¿Y si gana McCain? Mayor motivo de preocupación acerca de la capacidad de Europa de ser relevante en un momento en el que el mundo se está reconfigurando.

jitorreblanca@ecfr.eu